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Archive for the ‘Escalada en Chalten’ Category

 

La historia comienza algo así, arrancamos viaje desde Buenos Aires en auto y recorrimos más de 3000km para llegar a este pequeño pueblito, cada vez menos pequeño, es increíble lo rápido que esta creciendo, año tras año se hace notar la mano del hombre incesantemente.

Al llegar tuvimos la suerte o desdicha de que se venia una ventanita de buen tiempo, la buena noticia era esa en si, pero la mala era que veníamos de dos días de viaje sin escalas en auto, realmente detonados.
Llegamos a Chaltén por la noche a eso de las 21hs, fue allí que chequeamos el pronóstico para ver como venían los próximos días y observamos que para pasado mañana teníamos un día de buen tiempo, enseguida nos pusimos a organizar para subir al día siguiente e intentar un día después
la Aguja Poincenot.
Nos levantamos en Chaltén a las 6am y arrancamos para Paso Superior, Anita (mi novia) nos acompañaba y caminamos a buen ritmo pero relajados hasta Laguna de los Tres donde llegamos luego de 4 horas de pateada constante, allí almorzamos y dormimos una siestita, alrededor de las 15.30hs de la tarde nos despedimos de Ana y continuamos viaje con Lucas directo a cruzar las cuerdas fijas de las paredes que bordean laguna de los Tres para enseguida alcanzar el glaciar superior, nos disfrazamos para la ocasión con grampas, piqueta y resto de la parafernalia que usan los escaladores. Por suerte el hielo del glaciar estaba muy duro a pesar de la tardía hora del día y eso nos ayudó a progresar con menor esfuerzo rumbo al campo superior. La subida se cobró igualmente su tiempo y el cansancio acumulado también se hizo notar, nos llevó algo de tres horas más alcanzar Paso Superior (último campamento antes del ataque a escalar).

Una rápida cena y a armar el vivac, usualmente se puede dormir en cuevas de hielo en este campamento, pero dada la concurrencia por el evento de buen tiempo que se acercaba estaban todas ocupadas.

Nos encontramos con una cordada de Españoles que pensaban ir a la misma vía que nosotros al día siguiente, les preguntamos a que hora iban a arrancar y nos respondieron que pensaban salir a las 12 de la noche, nos pareció que era demasiado temprano y fuera de nuestras posibilidades porque estábamos muy cansados y necesitábamos dormir lo máximo posible, fue así que intentamos dormir, aunque solo fue posible de a ratos, pues fue una noche muy fría como de costumbre.

Pasadas las 5 de la mañana ya estábamos de pié y con todo listo para salir, comenzamos la aproximación derecho al Cerro Fitz Roy para luego virar y dar con la Poincenot, aguja imponente que se yergue a su lado. Nuestro objetivo era una vía de escalada mixta (roca y hielo) que comienza con una rampa de hielo que corta diagonalmente la aguja y se llama rampa Willams, la rampa tiene una pendiente de unos 60 grados y atraviesa tramos de roca, su longitud es de algo más de 300mts, luego la vía continua por unos 350mts más en roca hasta la cumbre.
Nos tomó hora y media o dos llegar a pie de vía y allí estábamos mirando como pasar la rimaya que temerosamente se erguía frente a nosotros. Armamos un pequeño relevo con las piquetas y arranque a cruzar en travesía la rimaya, más abajo un tobogán con pendiente muy elevada terminaba en un abismo directo a la Laguna Sucia, miles de metros más abajo, simplemente éramos dos pequeñas manchitas, insignificantes en semejante montaña tratando de llegar a algún lado, pero a dónde?.
A penas en medio del camino emplacé un tornillo de hielo luego de limpiar un rato con la piqueta buscando hielo duro aunque solo psicológico fuese ese seguro y seguí camino hacia unas lajas donde pretendía armar el primer relevo. Todo fue según lo previsto y enlace una laja con una cinta, luego fue el turno de Lucas de llegar hasta allí.

Lo que seguía por delante eran unas lajas con algo de hielo hasta donde empezaba la rampa de hielo puro, arrancó Lucas sacando chispas con los grampones que chillaban en la piedra, la escalada en roca con equipo de hielo afila los nervios, pues es como escalar en punta de pies pisando con diminutas garras tensionando sin parar los gemelos, las piquetas buscan incansablemente donde penetrar en vano hasta dar con alguna fisura donde insertar las hojas, en fin sin mirar hacia abajo entre lajas de piedra y manchas de hielo y verglas (capa fina de hielo sobre la roca) alcanzamos algún lugar para armar relevo. Me tocó luego una salida mixta, las piquetas las dejé colgando de sendas dragoneras y mis manos con guantes intentaban aferrarse a la roca fría, los grampones rasguñaban la roca hasta por fin encontrar esas imperfecciones donde trabarse, ya faltaba poco tan solo unos metros y alcanzaba la pendiente de hielo puro, seguiría luego por un costado de la roca donde se colocan los seguros pero se progresa por el hielo, en esa instancia la escalada tomo velocidad y nos fuimos pasando la posta de largo en largo, tocaban tramos de mixto cada tanto, por suerte no había casi viento aunque el cielo estaba un tanto temeroso y amenazaba desde temprano con negras nubes desdibujadas y esfumadas por efecto del viento de altura. Las imágenes eran de libro, una escalada alpina con título inequívoco, pocos ruidos, solo la brisa del viento, y el “chic chic” de las piquetas y grampones cortando finamente el hielo.

Para pasado el medio día salimos de la rampa y comenzamos un rodeo a la aguja, a esta altura la vía pasa de la cara este hacia la suroeste, nos encontramos con largos de roca cubiertos de hielo que nos complicaron un poco, hubiese sido necesario escalar parte con pies de gato y parte con botas, pero como esto no es veloz, decidimos escalar todo con botas y nos llevó un buen rato, luego decidimos cambiar y Lucas primereó con pédulas, pero nos equivocamos de ruta e hicimos dos largos por una parte ciertamente compleja, nos retrasamos y más arriba ya nos encontramos con los Españoles que venían bajando, nos faltaban unas cuatro horas para llegar a la cumbre según nos comentaron, pues los largos últimos que deberían ser enteros de roca estaban cubiertos de hielo y se convertían e mixtos difíciles aunque más fáciles que lo que ya habíamos pasado, eran casi las cuatro de la tarde, empezaba a soplar viento fuerte del oeste, debíamos tomar una decisión pues si seguíamos posiblemente haríamos cima pero rapelaríamos indudablemente toda la vía de noche y el cansancio nos jugaba muy en contra sumado a todo ello. Decidimos en base a nuestra convicción y experiencia que la mejor parte de la vía ya estaba concluida y que en todo caso siempre habrá ocasión para regresar.
Comenzamos la línea de rappeles, algo engorrosos por ser diagonales, el último rappel no solo era diagonal sino que además se debía cruzar la rimaya, el hielo estaba muy duro y la pendiente era muy abrupta, en el ta-te-ti, me tocó a mi encarar.

Allí cientos de metros más abajo un abismo nos separaba de laguna Sucia, comencé a rappelar en diagonal clavando las puntas de los grampones en el hielo, una piqueta para desplazarme y la otra mano en la cuerda, como estaba en diagonal un resbalón hubiese significado un péndulo muy peligroso, en un momento sucedió, los grampones no mordieron bien, la cuerda que tiraba para la izquierda, la piqueta que trataba de tirar a la derecha y la pared de unos 70 grados, el corazón a mil… uff por suerte la piqueta clavada aguantó y en seguida repuse la posición, cruce la rimaya y armé una reunión con las dos piquetas clavadas, talle una pequeña repisa para mantenerme parado y me auto aseguré a una de las piquetas clavada por el mando hasta la cruz, a la otra piqueta dispuesta de la misma forma le fije la cuerda para facilitar el rappel diagonal de mi compañero. Pero la idea fue dejar las piquetas por separado de manera que si Lucas se resbalaba en última instancia no nos fuéramos los dos, si fallaba el seguro. Una vez que llego hasta donde estaba, hicimos una pequeña travesía asegurando y alcanzamos el Glaciar, muy rápido retrocedimos nuestras huellas de regreso y pasamos la noche en una acogedora cueva en Paso Superior, para al día siguiente descender hasta Chaltén. Dejamos el equipo completo en la cueva ya que el viaje recién comenzaba y que nuestra intensión era volver en la próxima ventana de buen tiempo, probablemente a alguna otra aguja.

 

  
 
 
 
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